POR QUÉ EUROPA
DIJO NO
Una investigación completa: de los argumentos jurídicos al caballo de Troya de Putin
- España cerró su espacio aéreo a los aviones estadounidenses, Italia negó el aterrizaje en Sigonella y Polonia se negó a trasladar sus baterías Patriot a Oriente Medio.
- Washington tenía su lógica: una ventana que se cerraba, el secreto operativo, las lecciones de Irak y la convicción de que Europa habría dicho que no de todos modos.
- Europa dio siete razones oficiales, empezando por aquella sobre la que descansa todo: sin mandato de la ONU, sin amenaza inminente, sin consulta en la OTAN.
- Detrás hay una razón que ningún gobierno pronuncia: el miedo a disturbios internos y el uso documentado de la migración por parte de Moscú como instrumento de presión.
- La ruptura no es irreversible. La única vía que ataca las causas: consulta obligatoria antes de cualquier operación, a cambio de un reparto real de la carga por parte de Europa.
España cerró su espacio aéreo a los aviones estadounidenses. Italia negó el aterrizaje en su base siciliana. Polonia se negó a redesplegar sus baterías Patriot en Oriente Medio. Trump llama cobardes a sus aliados. Hegseth cuestiona el futuro de la OTAN. Rubio habla de replantearse la propia Alianza.
Todos los grandes medios informan de ese «no». Ninguno lo explica.
La respuesta no es una sola razón. Son ocho. Cada una más pesada que la anterior. Pero antes de examinar la posición europea, hay que entender con honestidad la estadounidense. Porque el periodismo serio no empieza por la acusación, sino por la comprensión.
«Ni se autorizan las bases y por supuesto tampoco se autoriza la utilización del espacio aéreo español». – La ministra de Defensa Margarita Robles
Negó el uso de Sigonella, incluso bajo Giorgia Meloni, aliada de Trump.
«En este sentido no cambia nada». – El ministro de Defensa Kosiniak-Kamysz
La guerra «no es un asunto de la OTAN». – El canciller Merz
«Nunca se concibió como una misión de la OTAN». – El primer ministro Starmer
Fuentes: AP / Telemundo (España) · Newsweek (Italia) · Defense News (Polonia) · ZDFheute (Alemania) · dpa / deutschland.de (Reino Unido)
LA LÓGICA DE TRUMP
Por qué lo hizo exactamente así
Dejemos por un momento de juzgar a Trump. Intentemos pensar en sus términos. Eso no es darle la razón. Es entender la mecánica de su decisión. Tenía una lógica. Discutible, contradicha en algunos puntos por sus propios servicios de inteligencia, pero una lógica.
En su discurso del 28 de febrero, Trump afirmó que Irán había intentado reconstruir su programa nuclear tras los ataques del verano de 2025. Teherán, sostenía, había rechazado todas las oportunidades de renunciar a sus ambiciones nucleares y, en cambio, estaba acumulando un enorme arsenal de misiles balísticos capaz de amenazar pronto a las fuerzas estadounidenses en el exterior y a los aliados en toda Europa.
Desde Washington, un Irán nuclear no es una amenaza futura. Es una fecha límite.
«Si no hubiéramos atacado en dos semanas, habrían tenido un arma nuclear», dijo Trump a los líderes del Congreso el 4 de marzo. Muchos expertos discuten esa cifra. Pero esa era la lógica que movía a la Casa Blanca: esperar equivale a un Irán nuclear.
Una operación militar pierde el factor sorpresa en proporción directa al número de personas informadas. No es un invento de Trump. Es un principio básico de seguridad operativa.
La posición de la administración era tajante: Irán no negociaba, ganaba tiempo, reponía sus arsenales de misiles y reactivaba sus ambiciones nucleares. Cada semana dedicada a consultar a los aliados era otra semana para que Teherán dispersara sus medios y reforzara sus objetivos.
La doctrina de Trump es la máxima presión mediante la imprevisibilidad. No es un defecto de estilo. Es una estrategia deliberada. Un enemigo que sabe cuándo vas a atacar está preparado para el golpe.
En 2003, Estados Unidos pasó meses reuniendo una «coalición de voluntarios». El resultado fue una guerra que el mundo había condenado antes de que cayera la primera bomba. En el círculo de Trump, las consultas largas no aportan legitimidad. Producen filtraciones, regateo político y tiempo para que el adversario se prepare.
El propio Trump señaló esta paradoja: casi todos los aliados de la OTAN coincidían en privado con la lógica y la legitimidad de atacar el programa nuclear iraní. Ninguno estuvo dispuesto a actuar cuando se trató de compartir la carga.
El exembajador de Estados Unidos ante la OTAN Ivo Daalder reconoció que «había una manera de incluir a nuestros aliados de la OTAN en la discusión». Pero el presidente, dijo, «decidió no hacer nada de eso»: ni con el Congreso, ni con el pueblo estadounidense, ni con los aliados. Es una crítica legítima. Trump la lee de otro modo: no como arrogancia, sino como la determinación que considera una ventaja estratégica.
«Los países del mundo que reciben petróleo a través del estrecho de Ormuz deben ocuparse de ese paso», dijo Trump el 1 de abril. «Deben cuidarlo. Deben hacerse cargo de él y cuidarlo».
No es retórica. Es doctrina. Estados Unidos produce su propio petróleo. Europa, Japón y Corea del Sur dependen críticamente de Ormuz. Si dependes de la ruta más que el país que la despejó, según la visión de Trump, deberías ser tú quien la vigile.
Dónde se quiebra la lógica de Trump
La honestidad obliga a ir más allá.
El Washington Post documentó que, a medida que avanzaba la guerra, la administración fue cambiando de justificación: cambio de régimen, ataque preventivo, amenaza nuclear, amenaza de misiles. Una posición que cambia cada semana delata la ausencia de una estrategia coherente desde el principio.
El director general del OIEA, Rafael Grossi, declaró el 3 de marzo que el organismo «no tiene pruebas de que Irán esté construyendo una bomba nuclear», aunque advirtió en el mismo momento que las reservas iraníes de uranio casi apto para armas y la negativa a permitir un acceso pleno eran motivo de seria preocupación. Todavía en 2025, la inteligencia estadounidense estimaba que Irán no tenía un programa activo de armas nucleares.
Trump actuó rápido. Rápido y bien no son lo mismo.
LA RESPUESTA DE EUROPA
Siete razones oficiales de la negativa
Puestos ante la guerra como ante un hecho consumado, los aliados europeos de Estados Unidos respondieron con una sola palabra. Nie. Non. Rifiuto. No. Los medios informan de ese «no» cada día. No informan de sus razones. Son siete. Cada una pesa por sí sola.
Es el fundamento. Todo lo demás descansa sobre él.
«Una cuestión clave para los países europeos es la de la legalidad», dijo Kamil Zwolski, investigador de terrorismo y conflictos del RUSI. «Cuando los europeos dicen que esta guerra no tiene base legal, quieren decir que las Naciones Unidas no la aprobaron: no hubo resolución. También quieren decir que no es una guerra de legítima defensa, porque no había pruebas de un ataque inminente de Irán contra Estados Unidos o Israel. Y, como mínimo, quieren decir que esta guerra no fue acordada con los aliados de la OTAN. No se les consultó».
Como señaló el SIPRI tras la primera oleada de ataques en junio de 2025, los ataques se dirigieron contra un Estado parte del Tratado de No Proliferación Nuclear, un país con un «derecho inalienable» a la energía nuclear pacífica. La decisión de Estados Unidos de sumarse, como Estado depositario del Tratado, socava toda la arquitectura de la no proliferación. Los gobiernos europeos han construido durante décadas su identidad sobre el derecho internacional y el multilateralismo. Sumarse a esta operación supondría abandonar ese fundamento, no política sino jurídicamente.
El canciller alemán Friedrich Merz dejó claro que la guerra en Irán «no es un asunto de la OTAN»: la OTAN es una alianza defensiva, no una alianza de intervención. El portavoz del Gobierno, Stefan Kornelius, fue aún más tajante: «La OTAN es una alianza para la defensa del territorio de la Alianza». Y: «Falta el mandato para emplear a la OTAN».
El primer ministro británico, Keir Starmer, fue igual de directo: «Que quede claro: no será una misión de la OTAN, y nunca se concibió como tal».
El artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte contempla la legítima defensa colectiva cuando un Estado miembro es atacado. La guerra estadounidense-israelí contra Irán es una operación ofensiva iniciada sin consultar a los aliados. La exigencia de Trump de sumarse a ella bajo la bandera de la OTAN es una reinterpretación radical de la Alianza como instrumento de la política exterior estadounidense. Europa rechaza esa reinterpretación.
Para la mayoría de los gobiernos europeos, Ucrania sigue siendo la prioridad geopolítica central. El conflicto iraní crea oportunidades y riesgos a la vez. Irán ha sido un proveedor clave de drones para Rusia: una guerra que obligue a Teherán a desviar recursos podría reducir ese apoyo. Pero la guerra también ha disparado los precios de la energía, aumentando los ingresos rusos por exportaciones.
El ministro de Defensa polaco, Władysław Kosiniak-Kamysz, lo dijo sin rodeos: «Nuestras baterías Patriot sirven para proteger el espacio aéreo polaco y el flanco oriental de la OTAN. En este sentido no cambia nada».
Para Varsovia, Vilna o Tallin, trasladar sistemas de defensa aérea al golfo Pérsico significaría dejar al descubierto sus propias fronteras con Rusia. Ninguna amenaza iraní hace aceptable ese intercambio.
Irán bloqueó el estrecho de Ormuz. Por él pasa aproximadamente una quinta parte de los envíos mundiales de petróleo. El principal índice europeo del gas, el TTF neerlandés, se duplicó aproximadamente en las primeras semanas de la guerra, de unos 30 a 60 euros por megavatio hora. Trump exigió a los aliados que enviaran buques de guerra para reabrir el estrecho. Su lógica: si dependes de la ruta, la defiendes.
Desde el principio, los países europeos quedaron expuestos a ataques iraníes directos contra su territorio, a la inflación energética, a amenazas para su prosperidad, al riesgo terrorista y a la posibilidad de una nueva y desestabilizadora ola de migración masiva, por una guerra a la que fueron arrastrados contra su voluntad, sin que nadie les preguntara si debía empezar.
¿Por qué debería Europa asumir los costes militares de una guerra que no empezó?
Según la prensa italiana, el plan de vuelo estadounidense se comunicó cuando los aviones ya estaban en el aire. Las comprobaciones revelaron que no eran vuelos logísticos ordinarios y, por tanto, no estaban cubiertos por el acuerdo vigente con Italia.
Giorgia Meloni es una aliada política de Trump. Aun así, su gobierno se negó. Ante la base de Sigonella, en Sicilia, la policía contuvo a los manifestantes que protestaban contra los ataques estadounidenses e israelíes. Ningún líder europeo puede sostener políticamente un apoyo abierto a una guerra a la que se opone la mayoría de sus ciudadanos.
La objeción no es al objetivo. Muchos gobiernos europeos comparten la alarma de Washington por el programa nuclear iraní. La objeción es al método: a los aliados se les pidieron bases y espacio aéreo con la operación ya en marcha, no su opinión sobre si debía iniciarse.
Europa no fue consultada. Se le presentó un hecho consumado. No es un fallo momentáneo. Es una ruptura sistémica.
Quizá sea la más profunda de las razones oficiales: la que los políticos susurran y los periodistas rara vez escriben.
«Éramos nosotros los defensores del multilateralismo y del derecho internacional», dijo la politóloga Nathalie Tocci. «Esa ambigüedad es, en el fondo, otro clavo en el ataúd de nuestra credibilidad».
El SIPRI concluyó que los ataques estadounidenses-israelíes de junio de 2025 contra instalaciones nucleares iraníes constituyeron una agresión contraria al derecho internacional. El contraste con la rápida condena de Rusia por parte de los líderes europeos por sus ataques contra infraestructuras nucleares civiles ucranianas en 2022 es imposible de ignorar.
Si Europa apoya esta guerra, o cede en silencio bases y espacio aéreo, renuncia para siempre a la autoridad moral para hablar de derecho internacional, soberanía y prohibición de la agresión. No se trata solo de Irán. Se trata de Putin, que observa con atención. Del Sur Global, que saca sus conclusiones. De la próxima crisis, en la que las palabras de Europa ya no pesarán nada.
LA RAZÓN OCULTA
La bomba demográfica de relojería y el caballo de Troya de Putin
Esto no es el octavo punto de una lista. Es una investigación dentro de la investigación. Lo que sigue no es un argumento más de los gobiernos europeos. Es una operación estratégica preparada durante décadas. Y funcionó.
Es la última razón. La más pesada. Y la más silenciada, porque nombrarla en público es políticamente imposible.
El 7 de marzo, miles de personas marcharon por el centro de Londres hasta la embajada de Estados Unidos para protestar contra los ataques: entre 5.000 y 6.000 según una estimación policial, varias veces más según los organizadores. Tras la muerte de Jamenei, dos de las máximas autoridades religiosas de Irán, los grandes ayatolás Naser Makarem Shirazi y Hosein Nuri Hamedani, emitieron fetuas que llamaban a los musulmanes de todo el mundo a vengarlo y calificaban la venganza contra Estados Unidos e Israel de «deber religioso de todos los musulmanes».
Los líderes europeos leen los informes de inteligencia. Saben que en sus países viven grandes comunidades musulmanas, abrumadoramente pacíficas, y que muchos de sus miembros huyeron precisamente de los regímenes contra los que se dirige esta guerra. También saben que las redes radicales, y los servicios extranjeros que las utilizan, aprovecharían una guerra europea contra Irán para incendiar sus calles, no algún día, sino de inmediato. Ninguno lo dice en público, porque decirlo supondría admitir que tres décadas de política migratoria sin control han limitado la libertad de política exterior de sus propios Estados.
La respuesta lleva años documentada por think tanks estadounidenses, institutos militares y servicios de inteligencia. Nadie junta las piezas en público.
La «doctrina Guerásimov»: la migración como arma
Los analistas militares occidentales advierten desde hace tiempo que Moscú usa la migración como arma por debajo del umbral del conflicto abierto: una forma de producir efectos desestabilizadores dentro de las sociedades occidentales y desgastar la capacidad de la OTAN para actuar unida.
En un artículo de 2013, el jefe del Estado Mayor, Valeri Guerásimov, describía los conflictos modernos como aquellos en los que las medidas no militares superan a las militares en una proporción de cuatro a uno. Los analistas occidentales lo bautizaron después como «doctrina Guerásimov», una etiqueta de la que su propio autor, Mark Galeotti (el analista británico que acuñó el término, no el autor de la doctrina ni del artículo de Guerásimov), se ha desmarcado públicamente. Pero la práctica que describe es real: la migración dirigida hacia Europa es uno de sus instrumentos, con nombres, fechas y operaciones documentadas.
Operaciones concretas: Wagner, GRU, Frontex
Los servicios de inteligencia rusos y bielorrusos, junto con traficantes de personas, retiraron los pasaportes a migrantes y los dirigieron hacia las fronteras de los Estados vecinos. En 2023, el ministro de Defensa italiano culpó directamente al Grupo Wagner de organizar oleadas migratorias a través del Mediterráneo desde Níger, Burkina Faso, Malí y la República Centroafricana, donde Wagner y el GRU operan activamente.
Los datos de Frontex muestran un repunte en la ruta del este de Libia a Creta: las detecciones aumentaron un 280 % en septiembre de 2025 respecto al año anterior. Las salidas parten de la zona de Libia controlada por Jalifa Haftar, donde Rusia mantiene fuerzas en la base aérea de Al Jadim y presencia en el puerto de Tobruk. ¿Coincidencia? La geografía dice lo contrario.
Un análisis de la Henry Jackson Society constató que los picos migratorios coinciden estadísticamente con los momentos de reveses rusos y se utilizan para presionar a los Estados de la OTAN cuando Moscú está en apuros. No son accidentes humanitarios. Son actos de política de poder. La verdadera arma no son los migrantes, sino la fractura social que su llegada provoca dentro de las democracias europeas.
Sobre el argumento humanitario, con honestidad
Habrá quien diga: era intercambio cultural, ayuda a los países en desarrollo, el deber humanitario de una Europa rica. Hay algo de verdad en ello, con una condición. Una migración controlada, filtrada y ordenada, con verificaciones adecuadas, es un verdadero instrumento de desarrollo y enriquecimiento mutuo. La Alemania de posguerra se construyó en parte con trabajadores invitados turcos, y funcionó mientras el flujo se mantuvo limitado y ordenado.
Lo que ocurrió en Europa entre 2015 y principios de la década de 2020 fue algo completamente distinto: más de un millón de llegadas en un solo año, en su mayoría personas que huían de las guerras de Siria, Afganistán e Irak; demasiadas y demasiado rápido para que los sistemas de verificación e integración pudieran absorberlas. Moscú no creó esa ola. Contribuyó a impulsarla y aprendió a explotarla. En 2016, el entonces comandante supremo de la OTAN, el general Philip Breedlove, declaró ante el Congreso que Rusia y el régimen de Asad estaban «convirtiendo deliberadamente la migración en un arma» para desbordar a Europa.
Raimar Wagner, de la Fundación Friedrich Naumann, partiendo de la experiencia alemana, describe el método ruso como provocación unida a desinformación: facilitar el paso de los migrantes y después, a través de los medios estatales, magnificar incidentes, reales o inventados, hasta que la ira ciudadana se vuelve contra las instituciones. Según él, el arma no son los migrantes, sino las divisiones que su llegada abre en las sociedades europeas.
– Raimar Wagner, Fundación Friedrich Naumann para la Libertad (Rumanía y Moldavia) · según el resumen de la Fundación
Un estudio de Karen-Anna Eggen y Jyri Lavikainen publicado en 2025 en el European Journal of International Security (Cambridge University Press) analizó los flujos migratorios facilitados por el FSB hacia Noruega y Finlandia en 2015-2016 e identificó seis posibles objetivos rusos, entre ellos influir en las decisiones de la UE sobre sanciones, advertir a Finlandia contra su ingreso en la OTAN y, en el sentido más amplio, minar la fe de Occidente en sus propios compromisos de derechos humanos y dañar su reputación más allá de Europa.
Funcionarios corruptos, compañeros de viaje ideológicos y políticos sencillamente ingenuos, que abrieron las fronteras por compasión sincera sin ver el cuadro completo, llegaron al mismo resultado. El caballo de Troya no son las personas que llegaron. Es la grieta que Moscú ha aprendido a ensanchar: desconfianza, polarización y gobiernos que temen a sus propias calles. No entró en las ciudades europeas sobre un tanque. Entró a través de una crisis que Europa no supo gestionar.
En 2026, esa grieta atraviesa la fortaleza. Silenciosa. Invisible. Y es una de las razones principales por las que los líderes europeos no pueden apoyar a Estados Unidos en la guerra contra Irán, incluso cuando quieren.
LO QUE DIRÍA LA DEFENSA
Cada parte de esta historia tiene sus argumentos. Le debemos a cada una los mejores, sin caricaturas.
Washington diría: no fue una guerra elegida contra un Estado inocente. Milicias respaldadas por Irán habían atacado a las fuerzas estadounidenses cientos de veces; Irán armaba a grupos en guerra con Israel; y en junio de 2025 la Junta de Gobernadores del OIEA declaró formalmente que Irán incumplía sus obligaciones de salvaguardias. La legítima defensa colectiva junto a un aliado atacado, argumentaría Estados Unidos, es lícita según el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas.
Nuestra respuesta: esta investigación recoge la posición jurídica europea; no es una sentencia. La legalidad de los ataques sigue siendo objeto de disputa entre gobiernos y juristas, y esa misma disputa es una de las razones por las que Europa se negó a participar.
Washington diría: Europa depende de Ormuz mucho más que Estados Unidos, ha invertido demasiado poco en su propia defensa durante décadas y admitía en privado que había que detener el programa iraní. Negarse a compartir la carga mientras se aprovecha el resultado no es una cuestión de principios: es aprovecharse de los demás.
Nuestra respuesta: el reproche tiene fundamento, y la Parte IV propone el reparto de la carga como precio de la consulta. Pero las siete razones de la Parte II son posiciones documentadas de gobiernos con nombre propio, no excusas inventadas a posteriori.
Los críticos dirían: la mayoría de las personas que llegaron a Europa en 2015-2016 huían de las guerras de Siria, Afganistán e Irak, no de un plan del Kremlin. El uso documentado de la migración por parte de Rusia se concentra en operaciones concretas, como la frontera bielorrusa en 2021, la finlandesa en 2023 o las acusaciones contra Wagner en Libia, no en la ola en su conjunto. La oposición a esta guerra recorre toda la población europea. Y tratar a una minoría religiosa como un riesgo estratégico es exactamente la fractura social que, según este mismo artículo, Moscú quiere provocar.
Nuestra respuesta: coincidimos en que la ola no fue un plan del Kremlin, y lo decimos más arriba. Nuestra tesis es más acotada: Moscú la explotó, y las operaciones citadas están documentadas. No afirmamos que los migrantes sean el arma: el arma es la fractura. La deducción más amplia, según la cual el miedo a los disturbios determina lo que los gobiernos europeos callan, es nuestro análisis, y el lector debe sopesarla como tal.
EL CAMINO DE VUELTA
Cinco escenarios, y el único que tiene sentido
La ruptura entre Estados Unidos y Europa no es irreversible. Pero exige pasos concretos, no declaraciones. Estos son los escenarios, ordenados por honestidad, no por optimismo.
Estados Unidos sale de la crisis de Ormuz sin un resultado claro. Irán conserva el control del estrecho. Europa consolida su rumbo hacia la autonomía estratégica. La OTAN se convierte en un club de negociación sin sustancia militar. Rusia gana dos veces: con los ingresos del petróleo y con el colapso de la unidad occidental.
Richard Haass, del CFR, describió la doctrina emergente de Trump como una inversión de la «regla Pottery Barn»: «Lo rompimos nosotros, pero es vuestro». Estados Unidos empezó la guerra. A Europa se le pide que recoja los pedazos. Si este patrón se consolida, la alianza transatlántica pierde su sentido para ambas partes.
Probabilidad con la trayectoria actual: ALTALas partes evitan el conflicto abierto, pero dejan de confiar la una en la otra en cualquier asunto estratégico. Europa financia la OTAN. Estados Unidos mantiene tropas en el flanco oriental. No existe un diálogo real. Esto no es paz. Es una disolución administrada.
Para Rusia, es ideal. Para China, también.
Los expertos ya debaten la activación del artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea, un mecanismo de defensa mutua entre los miembros de la UE que funciona como el artículo 5 de la OTAN, pero sin Estados Unidos. Europa construye estructuras de mando paralelas y aumenta el gasto en defensa. La OTAN sobrevive formalmente, pero se divide en una vía europea y otra estadounidense.
Esto protege a Europa de la imprevisibilidad de Washington. Debilita al Occidente colectivo frente a Rusia y China. Media victoria para todos, es decir, una victoria completa para nadie.
El primer ministro Starmer anunció una reunión internacional para restablecer la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz. A principios de abril, treinta y cinco países habían firmado la declaración conjunta promovida por el Reino Unido, comprometiéndose a trabajar por ese objetivo.
Es la única iniciativa constructiva que hay hoy sobre la mesa. No resuelve las contradicciones de fondo. Pero crea una tarea común: no sobre Irán, ni sobre el derecho, ni sobre la OTAN, sino sobre una vía marítima concreta. Las pequeñas tareas compartidas reconstruyen la confianza más rápido que las grandes declaraciones.
Es el camino más difícil. Y el único que ataca las causas en lugar de los síntomas. La idea central: Estados Unidos y Europa acuerdan un formato de consulta obligatoria antes de cualquier operación militar fuera del territorio de la OTAN. No un veto europeo a la acción estadounidense, sino una notificación obligatoria con 72 horas de antelación, acompañada de una sesión informativa de inteligencia para un grupo reducido y verificado de aliados. A cambio, Europa se compromete a un reparto concreto de la carga: no en el golfo Pérsico, sino en el flanco oriental y en África.
Aquí es donde debe empezar el trabajoLo que tiene que ocurrir ahora
La cumbre de Starmer sobre Ormuz debe convertirse en un mecanismo permanente, un «Grupo de Contacto Global para la Seguridad Marítima» copresidido por Estados Unidos y Europa, y no en un acto diplomático aislado.
Estados Unidos debería crear un canal de inteligencia cerrado según el modelo «Five Eyes Plus», limitado a cinco o seis aliados con una cultura de seguridad de la información probada: el Reino Unido, Polonia, Noruega y, posiblemente, Francia a un nivel restringido.
Europa debe aumentar formalmente su gasto militar en el flanco oriental hasta liberar a Estados Unidos de una parte medible de la carga de defender Polonia y los países bálticos.
Ambas orillas del Atlántico deberían lanzar juntas una nueva plataforma diplomática sobre Irán, abierta a cualquier gobierno que surja de este conflicto. Francia, Alemania y el Reino Unido fueron los artífices del acuerdo nuclear JCPOA en 2015, el mayor logro de la política exterior europea en décadas.
No existe una incompatibilidad de fondo en los valores entre Washington y Bruselas. Existe una crisis de procedimiento, una crisis de confianza y una crisis de respeto mutuo por las decisiones soberanas.
Trump tenía razón: un Irán nuclear es inaceptable. Europa tenía razón: las guerras iniciadas sin consulta destruyen las alianzas. Ambos tienen razón. Ambos pierden con la ruptura actual.
Esto es periodismo de investigación, no un veredicto. La investigación se basa en informaciones de Bloomberg, The Washington Post, CNN, PBS NewsHour, AP, NBC, CBS, ITV News, Iran International, ZDF, Telemundo y otros medios; en análisis del RUSI, el SIPRI, el CFR, GLOBSEC, el Carnegie Endowment, la Henry Jackson Society, la Fundación Friedrich Naumann y el Modern War Institute de West Point; en investigación revisada por pares publicada en el European Journal of International Security; y en las declaraciones oficiales de los gobiernos citados. Las declaraciones del Gobierno español se citan en su original; las del Gobierno alemán se han traducido del alemán; el resto de las citas son traducciones de la redacción. Cuando una fuente resume las palabras de alguien, las reproducimos en estilo indirecto y no entre comillas. Los argumentos de cada parte figuran en «Lo que diría la defensa». Las conclusiones que corresponden a esta publicación y no a una fuente se señalan como Análisis XDAY FILES.
- AP / Telemundo – España cierra su espacio aéreo a los aviones de EE. UU. implicados en la guerra (Margarita Robles)telemundo.com
- RUSI / CNN – Las objeciones jurídicas de Europa (Kamil Zwolski)rusi.org
- ZDFheute (al.) – Merz: la guerra en Irán «no es un asunto de la OTAN»zdfheute.de
- Augen geradeaus! (al.) – Transcripción: el portavoz Kornelius sobre la OTAN y el estrecho de Ormuzaugengeradeaus.net
- dpa / deutschland.de – Merz y Starmer descartan la participación de la OTANdeutschland.de
- Defense News – Polonia mantiene sus baterías Patriot en casadefensenews.com
- Newsweek – Italia niega Sigonella; España cierra su espacio aéreonewsweek.com
- Intereconomics (2026) – Las lecciones del choque de Ormuz: los precios del gas TTFintereconomics.eu
- Seatrade Maritime – Los 35 países firmantes debaten la reapertura de Ormuzseatrade-maritime.com
- ITV News – Miles de personas marchan hacia la embajada de EE. UU. en Londres, 7 de marzoitv.com
- Iran International – Altos clérigos emiten fetuas que llaman a vengar a Jameneiiranintl.com
- Democracy Now! – Nathalie Tocci sobre la respuesta europeademocracynow.org
- SIPRI (2025) – Europa debería ayudar a reparar el daño a la no proliferación y al derecho internacionalsipri.org
- Ukrainska Pravda – Grossi: no hay pruebas de una bomba, pero sí seria preocupaciónpravda.com.ua
- Foreign Policy (2018) – Mark Galeotti, «I’m Sorry for Creating the ‘Gerasimov Doctrine’»foreignpolicy.com
- CNBC (2016) – Breedlove: Rusia y Asad convierten la migración en un armacnbc.com
- ANSA (2023) – Italia vincula el aumento de llegadas a Wagneransa.it
- Euronews (2025) – Los datos de Frontex sobre la ruta del este de Libiaeuronews.com
- Henry Jackson Society (2025) – Cómo Rusia usa la migración como armahenryjacksonsociety.org
- Henry Jackson Society (2021) – Los refugiados como arma en la frontera bielorrusahenryjacksonsociety.org
- Fundación Friedrich Naumann – La migración como arma: una nueva cara de la guerra híbrida rusa (Raimar Wagner)freiheit.org
- Eggen & Lavikainen (2025), European Journal of International Security – El uso estratégico de migrantes por parte de Rusia hacia Noruega y Finlandia, 2015-2016cambridge.org
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